sábado, 4 de marzo de 2017

El autobús de la tele


http://www.publico.es/tremending/2017/03/02/transfobia-wyoming-y-la-rebelion-de-los-autobuses-contra-el-odio-de-hazte-oir/

Salta a la pista un bondadoso ente televisivo sin ánimo de lucro y nos sorprende con una linda pirueta: “la identidad de género no se elige”. De donde se deduce que la manera en que se percibe uno a sí mismo en el ámbito sexual resulta algo esencial, intrínseco, sin influencia de la voluntad, tan natural como los órganos sexuales. La ideología de género, comprensiva, hace una excepción en su firme y elemental creencia de que no hay nada natural (excepto los órganos sexuales, qué cabrones) y todo es programable.

Como, además, los transexuales refuerzan con sus sentimientos el sistema heteropatriarcal, ya que se sienten hombre o mujer exclusivamente, la ideología de género se ve obligada a hacer otra excepción para abrigarles en su seno. Ya habrá tiempo para reeducarles en el bi-género, supongo.

La ideología de género utiliza cualquier excepción, incluso las incongruentes con sus propios principios (si no le gustan, tengo otros), para denunciar la obligatoriedad de que a los hombres les atraigan las mujeres y viceversa. Ciertamente se trata de una obligatoriedad tan esclavizante como la propia teoría de la evolución de las especies, que no tiene nada de natural y además la formuló un hombre.

Aprovecho para resaltar lo evidente: la mayor parte de la gente de bien reconoce y defiende el derecho de cada cual a sentirse como le dé la gana. Los rifirrafes autobuseros solo sirven para confundir y enquistar más aún las posturas preconcebidas. O conmigo o contra mí. ¿HazteOír niega la existencia de la transexualidad? ¡Oh, escándalo, una asociación ultracatólica muy minoritaria defiende posturas ultracatólicas muy minoritarias! A mí me escandaliza mucho más que la mayoritaria ideología de género niegue la naturalidad del proceso de reproducción. Y que los medios de comunicación y los entes públicos le bailen el agua. La especie humana, al parecer, sobrevive excepcionalmente.

Lo que ustedes pretenden inculcarnos, ideólogos del género, es falso: hoy en día la heterosexualidad no se impone de manera obligatoria y sibilina. La demostración más palmaria está en el escándalo social que se monta cuando alguien (se supone que) pretende hacerlo.

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